El IRB CatSud participa en el proyecto europeo Biomarkid, que analiza marcadores biológicos en el cuerpo con el objetivo de mejorar la evaluación nutricional en niños
Determinar con precisión qué comen los niños sigue siendo un reto para la práctica clínica y la investigación. Tradicionalmente, el seguimiento de la dieta se ha basado en cuestionarios que dependen de la memoria y la percepción de las familias, con el consiguiente sesgo subjetivo.
En este contexto, el Instituto de Investigación Biomédica CatSud (IRB CatSud, antes IISPV) ha tenido un papel activo en una línea de investigación que apuesta por la metabolómica como herramienta objetiva para analizar los patrones alimentarios en edades tempranas: el proyecto Biomarkid. Este estudia los metabolitos, compuestos generados por el metabolismo, presentes en fluidos como la sangre o la orina, que pueden actuar como indicadores de la dieta real.
El estudio, con personal investigador del IRB CatSud y de la Universidad Rovira i Virgili (URV), recopila la evidencia científica existente sobre la relación entre dieta y perfiles metabolómicos en niños y adolescentes. La revisión analiza datos de cerca de 6.000 participantes de 12 países y pone de manifiesto el potencial de estos compuestos para identificar patrones dietéticos.
Los resultados muestran que algunos metabolitos se relacionan con alimentos concretos. Por ejemplo, el hipurato y la prolina betaína aumentan con el consumo de frutas y verduras y con una mayor adherencia a la dieta mediterránea. En cambio, niveles más bajos de estos compuestos pueden indicar una alimentación con mayor presencia de ultraprocesados. También se han identificado otras relaciones relevantes, como la presencia de DHA —asociado al consumo de pescado— o los niveles de aminoácidos vinculados a la calidad de la dieta.
Estos resultados apuntan a la posibilidad de obtener una “huella metabólica” de la alimentación, con aplicaciones directas en la mejora del diagnóstico y el seguimiento nutricional en pediatría.
Aunque los investigadores destacan que todavía es necesario ampliar la evidencia científica, especialmente en población infantil, la metabolómica se perfila como una herramienta clave para avanzar hacia una nutrición más precisa. Esta línea de investigación permitiría no solo identificar con mayor exactitud los hábitos alimentarios, sino también entender cómo responde el organismo de los niños a diferentes dietas.