Un estudio del IRB Catalunya Sud (antes IISPV) y del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona descubre que estas vesículas actúan de manera diferente según la agresividad del tumor, abriendo nuevas vías para futuras estrategias terapéuticas.

El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en hombres en muchos países occidentales. En la demarcación de Tarragona se diagnostican cerca de 670 casos nuevos cada año, y a escala estatal la cifra supera los 30.000. Aunque muchos tumores tienen un crecimiento lento, otros pueden progresar y diseminarse, por lo que entender qué factores impulsan esta agresividad es esencial para mejorar el pronóstico de los pacientes.

En este contexto, investigadores del Grup de Recerca en Biomarcadors de Malalties i Mecanismes Moleculars (DIBIOMEC) de l’Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB Catalunya Sud, antes IISPV), en colaboración con los Servicios de Urología y Anatomía Patológica del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona, han dado un paso importante. Su estudio, recientemente publicado, demuestra por primera vez que las vesículas extracelulares (pequeñas partículas liberadas por las células) derivadas del tejido adiposo que rodea la próstata (tejido adiposo periprostático, PPAT) modulan el comportamiento de las células tumorales de manera diferente según el grado de riesgo del cáncer.

El trabajo, liderado por la Dra. Matilde R. Chacón y el Dr. Xavier Ruiz-Plazas, y realizado con un equipo multidisciplinario, ofrece una nueva visión sobre cómo el microambiente tumoral —y en concreto la grasa periprostática— “dialoga” con el cáncer e influye en su evolución.

Principales hallazgos

Por un lado, se observan efectos dependientes del riesgo. Es decir, las vesículas derivadas del tejido adiposo periprostático de pacientes con cáncer de próstata de bajo riesgo estimulan principalmente la proliferación de las células tumorales. En cambio, las vesículas obtenidas de pacientes con tumores de alto riesgo no aumentan la proliferación, pero sí potencian la capacidad de migración de las células cancerosas y estimulan la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos), dos procesos clave para la progresión y diseminación del tumor.

Por otro lado, estas vesículas también afectan al microambiente tumoral. Además de actuar sobre las células cancerosas, influyen en otras células del entorno. Las vesículas de bajo riesgo promueven un perfil proinflamatorio e inmunosupresor en macrófagos (células del sistema inmunitario), lo que podría contribuir a crear un entorno favorable al tumor en etapas iniciales.

Otro hallazgo importante es la activación de vías de señalización, ya que los efectos observados se relacionan con la activación de rutas moleculares clave en el cáncer.

Este descubrimiento muestra que el tejido adiposo periprostático no es un simple observador, sino un actor activo y dinámico que modula el comportamiento del cáncer de próstata según la agresividad de la enfermedad. Las vesículas extracelulares derivadas de este tejido emergen como nuevos factores diana para desarrollar futuras estrategias terapéuticas destinadas a interferir en la comunicación entre el tumor y su microambiente, especialmente en los casos de mayor riesgo de progresión.

Aunque los resultados se han obtenido en modelos in vitro y serán necesarios estudios adicionales en modelos más complejos, este trabajo representa un avance importante en la comprensión de la biología del cáncer de próstata y abre una vía prometedora para la investigación translacional.

Enlace a la publicación científica:
Arreaza-Gil V. et al. Periprostatic adipose tissue-derived extracellular vesicles modulate prostate cancer cell behaviour in vitro according to tumour grade. Mol Med (2026).

PubMed: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41566212/
DOI: 10.1186/s10020-026-01422-7

Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y del Instituto de Investigación Biomédica Cataluña Sur (IRB CatSud, antes IISPV) ha publicado en la revista científica Inflammatory Bowel Diseases un estudio que describe un modelo experimental en rata que reproduce características clave del creeping fat, la acumulación de tejido adiposo que rodea los segmentos intestinales inflamados y que es uno de los rasgos patológicos típicos de la enfermedad de Crohn.

El estudio muestra que el modelo de colitis inducida con 2,4,6-trinitrobenzenesulfonic acid (TNBS) desarrolla una hiperplasia del tejido adiposo mesocólico que presenta similitudes macroscópicas, histológicas, inmunológicas y moleculares con el creeping fat observado en pacientes con enfermedad de Crohn. Según los autores, este modelo puede facilitar el estudio del papel de este tejido en la progresión de la enfermedad y en sus complicaciones.

La primera autora del estudio, la Dra. Laura Clua, explica que “el creeping fat no es solo un crecimiento del tejido adiposo alrededor del intestino inflamado, sino que es un tejido metabólicamente e inmunológicamente activo. En el modelo observamos una infiltración importante de células inmunitarias y una alta expresión de citocinas proinflamatorias, características que también se han descrito en pacientes”.

Los resultados muestran una relación entre la gravedad de la inflamación intestinal transmural y el desarrollo de la hiperplasia mesocólica, así como la presencia de bacterias desplazadas hacia la subserosa. Según los autores, estas observaciones apoyan la hipótesis de que la microbiota intestinal puede contribuir al remodelado del tejido adiposo mesentérico.

El coautor Roger Suau, autor de correspondencia del artículo, destaca que “hemos caracterizado el modelo a varios niveles —macroscópico, histopatológico, inmunohistoquímico y transcriptómico—, lo que nos ha permitido compararlo con las características descritas en humanos. Aproximadamente la mitad de los animales desarrollan una hiperplasia mesocólica con características similares al creeping fat descrito en la enfermedad de Crohn”.

Para la Dra. Carolina Serena (IRB CatSud), líder del grupo de investigación Malalties Inflamatòries Intestinals (IBODI), este modelo puede ser útil para profundizar en los mecanismos implicados en la enfermedad: “disponer de un modelo experimental que reproduzca este fenómeno facilita el estudio de la relación entre inflamación intestinal, translocación bacteriana y remodelado del tejido adiposo mesentérico”.

Según el Dr. Josep Manyé, investigador del Grup de Recerca en Malalties Inflamatòries Intestinals (GReMII) del IGTP, “este tipo de modelos experimentales pueden contribuir a comprender mejor el papel del creeping fat en la enfermedad de Crohn y a explorar nuevas aproximaciones terapéuticas”.

En el estudio también han participado investigadores del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol, el Hospital de Viladecans y el CIBEREHD, así como otros equipos del IGTP, como la plataforma científico-técnica de Genómica de Alto Rendimiento y Bioinformática, liderada por Lauro Sumoy, y el grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Hepáticas, liderado por Ramon Bartolí.

Los autores señalan que el modelo ofrece una plataforma experimental reproducible para estudiar el papel del tejido adiposo mesentérico en la enfermedad inflamatoria intestinal y facilitar la evaluación de nuevas estrategias terapéuticas en fases preclínicas.

Un estudio liderado por la URV, con participación del IRB CatSud, revela que el consumo de aceite de oliva virgen, a diferencia del refinado, mejora la diversidad bacteriana y ayuda a preservar la función cerebral en personas mayores

La Universitat Rovira i Virgili (URV), con la participación del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud, antes IISPV), ha participado en un estudio pionero que demuestra que el consumo de aceite de oliva virgen puede contribuir a preservar la función cognitiva mediante la modulación de la microbiota intestinal. La investigación, publicada en Microbiome, es la primera en humanos que analiza de manera específica esta relación.

El estudio se ha llevado a cabo con datos de 656 personas de entre 55 y 75 años con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico, participantes del proyecto PREDIMED-Plus. Las personas que consumían aceite de oliva virgen —y no refinado— mostraban una mejor evolución de la función cognitiva y una microbiota intestinal más diversa, un indicador clave de salud metabólica. Además, se ha identificado el género bacteriano Adlercreutzia como posible mediador de este efecto protector.

La diferencia entre los dos tipos de aceite radica en el proceso de elaboración: mientras que el aceite de oliva virgen conserva antioxidantes, polifenoles y compuestos bioactivos, el refinado pierde buena parte de estos elementos durante el tratamiento industrial. “No todos los aceites de oliva tienen los mismos beneficios sobre la función cognitiva”, explica Jiaqi Ni, primera autora del estudio.

Los resultados refuerzan la importancia de la calidad de la grasa en la dieta mediterránea. “El aceite de oliva virgen no solo protege el corazón, sino que también puede ayudar a preservar el cerebro durante el envejecimiento”, destaca Jordi Salas-Salvadó, investigador principal. Las codirectoras Nancy Babio y Stephanie Nishi subrayan que, en un contexto de aumento del deterioro cognitivo, mejorar la calidad de la dieta es una estrategia accesible y eficaz.

La investigación ha sido posible gracias al liderazgo de la URV y el IISPV-CERCA, con la colaboración del CIBERobn y de instituciones internacionales como las universidades de Wageningen y Harvard.

Referencia bibliográfica: Ni J, Nishi SK, Babio N, Belzer C, Vioque J, Corella D, Hernando-Redondo J, Vidal J, Moreno-Indias I, Compañ-Gabucio L, Coltell O, Fitó M, Toledo E, Wang DD, Tinahones FJ, Salas-Salvadó J. Total and different types of olive oil consumption, gut microbiota, and cognitive function changes in older adults. Microbiome. 2026 Jan 24. doi: 10.1186/s40168-025-02306-4.

Equipo NeuroÈpia-Línea Neuroepidemiología.

Una nueva investigación del IRB CatSud e ISGlobal relaciona la nutrición de los adolescentes con el bienestar emocional, el rendimiento cognitivo y la toma de decisiones a largo plazo

La adolescencia es un periodo crítico para la maduración cerebral, y los hábitos alimentarios desempeñan un papel fundamental en este proceso. Un nuevo estudio liderado por el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud, antes IISPV), en colaboración con el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por Fundación ”la Caixa”, revela que el consumo de alimentos ultraprocesados se asocia a mayores dificultades emocionales y conductuales. Por el contrario, optar por la dieta mediterránea se relaciona con una mejor función ejecutiva. La investigación, titulada Dietary Patterns and Neuropsychological Function in Adolescents: A Cross-sectional and Longitudinal Study, ha sido publicada en BMC Medicine.

El estudio, dirigido por el Grupo de Investigación en Neurociencia Clínica y Epidemiológica (NeuroÈpia) del IRB CatSud, analiza datos de una muestra de 653 adolescentes, de 12 a 16 años, del área metropolitana de Barcelona (estudio Smart-Snack) y subraya la importancia de la nutrición durante la adolescencia, etapa en la que el cerebro aún está en desarrollo, especialmente la corteza prefrontal, implicada  a su vez en la toma de decisiones y el control de los impulsos.

Los hábitos alimentarios se analizan en el presente estudio mediante cuestionarios de frecuencia de consumo para medir la adherencia a la dieta mediterránea y la ingesta de ultraprocesados. La función neuropsicológica se evalúa con un conjunto de pruebas informatizadas estandarizadas que miden atención, memoria de trabajo, inteligencia fluida, toma de decisiones y reconocimiento emocional. Los resultados conductuales y emocionales también se evalúan mediante cuestionarios validados.

Efectos opuestos en el cerebro adolescente

Los resultados muestran una clara divergencia entre ambos patrones alimentarios. Alexios Manidis, investigador principal del estudio, señala que un mayor consumo de ultraprocesados, como bebidas azucaradas, bollería industrial y carnes ultra-procesadas, se asocia con un peor rendimiento en la identificación de emociones y en el mantenimiento del estado de alerta. Además, los adolescentes con alta ingesta de ultraprocesados reportan más síntomas de ansiedad y depresión y mayores dificultades conductuales totales.

 

En contraste, una mayor adherencia a la dieta mediterránea —rica en frutas, verduras, legumbres y aceite de oliva— se asocia con menos problemas de conducta y mejores puntuaciones en atención ejecutiva.

Sin embargo, en el seguimiento a seis meses, solo el consumo inicial de ultraprocesados mostró asociaciones longitudinales con los síntomas de internalización y la toma de decisiones, mientras que la adherencia a la dieta mediterránea no mostró efectos longitudinales. “Esto podría sugerir que los beneficios de la dieta mediterránea requieren un mantenimiento continuo, mientras que los efectos de los ultraprocesados pueden ser más duraderos”, comenta Manidis, lo que refuerza la importancia de mantener hábitos saludables de forma continuada.

Validación objetiva mediante biomarcadores

El estudio también incluye un análisis de marcadores biológicos en orina en una submuestra de 257 participantes y sus resultados son que los adolescentes que consumen más ultraprocesados tienen menos compuestos derivados de alimentos vegetales y más de los asociados al procesado, lo que confirma la fiabilidad de los cuestionarios dietéticos.

Christopher Papandreou, profesor adjunto de la Universidad Helénica del Mediterráneo (Creta, Grecia) y coautor principal del estudio, señala que “la alimentación de los adolescentes se está orientando hacia los alimentos ultraprocesados” y advierte de que este cambio “puede estar contribuyendo al aumento de los problemas de salud mental entre los jóvenes”.

Jordi Julvez, el investigador al frente del Grupo de Investigación NeuroÈpia del IRB CatSud – ISGlobal, recuerda que “la adolescencia es un periodo de gran remodelación cerebral” y explica que la alimentación “puede influir en cómo los adolescentes regulan sus emociones y toman decisiones complejas”.

Los investigadores concluyen que estrategias futuras, como sustituir los snacks procesados en entornos escolares por alternativas densas en nutrientes como frutos secos y fruta fresca, podrían ser efectivas para fomentar mejoras sostenidas en la regulación emocional y la función cognitiva.

Referencia bibliográfica del estudio

Manidis, A., Ayala-Aldana, N., Bernardo-Castro, S., Pinar-Martí, A., Galkina, P., Fernández-Barrés, S., Ramirez-Carrasco, P., Lamuela-Raventós, R. M., Papandreou, C., & Julvez, J. (2026). Dietary patterns and neuropsychological function in adolescents: a cross-sectional and longitudinal study. BMC Medicine, 10.1186/s12916-026-04658-6. Advance online publication. https://doi.org/10.1186/s12916-026-04658-6

Un estudio liderado por el grupo Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (DIAMET) del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud, anteriormente IISPV) revela que la fibrosis hepática y la diabetes tipo 2 modifican de manera notable la respuesta hormonal tras la ingesta de alimentos en personas con hígado graso asociado a disfunciones metabólicas (MASLD). La investigación, publicada en Journal of Physiology and Biochemistry, examina cómo ambas condiciones afectan la secreción de hormonas esenciales para el control de la glucosa —como sería el glucagón y las incretinas (GLP‑1, GLP‑2 y GIP)— después de una comida estandarizada.

Los resultados muestran que la fibrosis hepática es el factor más determinante en el aumento de los niveles de GLP‑1, tanto en ayunas como tras la comida, independientemente de la presencia de diabetes. Asimismo, cuando la fibrosis hepática coexiste con la diabetes tipo 2, las alteraciones hormonales se intensifican, lo que apunta a un efecto sinérgico entre ambas patologías. Por otro lado, la diabetes tipo 2 se asocia con la pérdida de la supresión fisiológica del glucagón después de comer, un proceso fundamental para mantener la glucemia dentro de rangos adecuados.

Estos hallazgos refuerzan la idea de que un hígado fibrosado no actúa como un órgano pasivo, sino que participa activamente en la desregulación metabólica. La fibrosis no solo refleja daño previo, sino que también contribuye a generar nuevas alteraciones hormonales. Comprender estas variaciones es clave para mejorar la estratificación clínica y avanzar hacia tratamientos más personalizados en el contexto de la MASLD.

Dado el aumento de la prevalencia de MASLD y diabetes tipo 2, comprender cómo estas condiciones interactúan a nivel hormonal es clave para mejorar el diagnóstico precoz y optimizar tratamientos basados en el eje incretina–glucagón. El estudio aporta evidencias que pueden ayudar a identificar subgrupos de pacientes que se beneficien de estrategias terapéuticas más específicas, con impacto directo en la práctica clínica.

En conjunto, los resultados confirman que la fibrosis hepática es un determinante central de los niveles de GLP‑1 y que la coexistencia de diabetes tipo 2 potencia aún más estas alteraciones hormonales. Este conocimiento subraya la necesidad de diseñar estrategias terapéuticas adaptadas al perfil metabólico y hepático de cada paciente, especialmente en un contexto de creciente prevalencia de ambas enfermedades.

El estudio ha contado con la colaboración de investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona, del Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS) – Hospital Clínic Barcelona y del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) -a través de sus áreas de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (CIBERDEM) y de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD)-.

 

Referencia bibliográfica

Astiarraga, B., Rodriguez-Castellano, A., Ceperuelo-Mallafré, V., Marsal-Beltran, A., Osuna-Prieto, F. J., Vilanova, N., Gracia-Sancho, J., Quer, J. C., Megía, A., Balteiro, A. P., Vendrell, J., & Fernández-Veledo, S. (2026). Liver fibrosis and type 2 diabetes modulate postprandial incretin and glucagon responses in fatty liver disease. Journal of physiology and biochemistry82(1), 8. https://doi.org/10.1007/s13105-026-01141-x

Un estudio colaborativo del CIBERDEM-ISCIII muestra que la grasa en el abdomen acelera el envejecimiento vascular y aumenta el riesgo de complicaciones vasculares a largo plazo, incluso antes de que aparezca la obesidad.

Un equipo investigador del Instituto de Investigación e Innovación Parc Taulí (I3PT), en colaboración con el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el Hospital del Mar Research Institute (IMIM), ha identificado una clara asociación entre la acumulación de grasa abdominal y el envejecimiento vascular precoz en personas con diabetes tipo 1 sin antecedentes cardiovasculares previos.

La investigación se ha basado en una cohorte de 179 personas con esta patología, todas evaluadas en el Hospital Universitario Parc Taulí bajo la coordinación de José Miguel González-Clemente, endocrinólogo del Parc Taulí y jefe del grupo de diabetes-riesgo cardiovascular del I3PT, y de Joan Vendrell, investigador del IISPV, co-responsable del grupo de investigación en Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (DIAMET) y miembro del CIBERDEM-ISCIII.

A pesar de presentar un buen control de la glucemia, la presión arterial y el perfil lipídico, aproximadamente un 10% de las personas estudiadas mostró signos de envejecimiento vascular precoz, un factor clave en el desarrollo de complicaciones cardiovasculares y microvasculares que afectan directamente a la calidad y la esperanza de vida.

“En la diabetes tipo 1, el tratamiento con insulina es imprescindible para controlar la glucemia, pero, con los años, puede favorecer un aumento gradual de peso asociado a un mayor riesgo de complicaciones”, explica González-Clemente. Según el investigador, antes de que pueda hablarse de obesidad general ya puede haberse producido una acumulación de grasa abdominal, especialmente en forma de grasa visceral, metabólicamente activa y estrechamente relacionada con el deterioro de las arterias. “Este tipo de grasa favorece la pérdida de elasticidad arterial, un proceso ligado a la degradación de la elastina, una proteína esencial de la pared vascular, y puede ser la base de complicaciones como el infarto, el ictus, los problemas circulatorios en las extremidades inferiores o las afectaciones en la retina, los riñones y el sistema nervioso periférico”, añade.

El índice cintura-altura, una herramienta para detectar el envejecimiento vascular precoz

Para identificar de forma sencilla a las personas con mayor riesgo de envejecimiento vascular, el estudio destaca el índice cintura-altura, un indicador que se calcula dividiendo el perímetro de la cintura entre la altura, ambas medidas en centímetros. Los datos muestran que un valor igual o superior a 0,56 se asocia a un envejecimiento vascular acelerado, determinado mediante la velocidad de la onda del pulso, una técnica no invasiva que permite cuantificar la rigidez arterial. “Prácticamente todas las personas con una velocidad de onda del pulso elevada presentaban un índice igual o superior a 0,56”, señala González-Clemente, quien destaca que otros indicadores habituales, como el índice de masa corporal o el índice cintura-cadera, no detectan tan bien este riesgo.

Los resultados, publicados en la revista Diabetes Research and Clinical Practice, refuerzan la importancia de evitar el aumento de peso y vigilar la acumulación de grasa abdominal como estrategia preventiva. “Controlar este índice de forma precoz permitiría actuar antes de que la obesidad esté establecida, facilitaría un mejor control metabólico y reduciría el riesgo de complicaciones vasculares a largo plazo”, concluye.

Los investigadores señalan que el siguiente paso será validar estos resultados en cohortes más amplias y con un seguimiento más prolongado. Además, el estudio sugiere que algunos fármacos utilizados en personas con diabetes tipo 2 para reducir el peso podrían ser útiles en personas con diabetes tipo 1, un campo que todavía necesita más evidencia clínica.

Un estudio de la URV, con participación del IISPV, compara la ecografía abdominal con la resonancia magnética y demuestra el potencial de esta herramienta para detectar precozmente el riesgo de prediabetes y síndrome metabólico en personas con obesidad abdominal.

La distribución de la grasa corporal, especialmente la acumulada en el abdomen, es un factor determinante para el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Pero no toda la grasa abdominal tiene el mismo impacto en la salud: la grasa subcutánea, situada bajo la piel, no comporta los mismos riesgos que la grasa visceral, que se acumula en profundidad y puede entrar en contacto directo con órganos vitales. Identificar qué tipo de grasa predomina en una persona es esencial para evaluar su riesgo metabólico y orientar mejor las intervenciones clínicas. En este contexto, un estudio liderado por investigadoras del Departamento de Medicina y Cirugía de la Universitat Rovira i Virgili (URV), y con participación de personal investigador del IISPV, ha analizado hasta qué punto la ecografía abdominal puede ser una herramienta útil y fiable para medir la grasa visceral, en comparación con la resonancia magnética, considerada la técnica de referencia actual.

Actualmente, en la práctica clínica habitual, el riesgo asociado a la grasa abdominal se evalúa mediante el perímetro de la cintura. Sin embargo, esta medida, aunque sencilla, es limitada, ya que no permite distinguir entre grasa subcutánea y visceral. Las técnicas de imagen como la resonancia magnética o la tomografía computarizada ofrecen esta información con gran precisión, pero tienen un coste elevado, requieren equipamientos especializados y no están disponibles de forma inmediata en la atención primaria. Con el objetivo de explorar alternativas más ágiles y accesibles, el equipo investigador se planteó validar el uso de la ecografía abdominal para caracterizar la distribución de la grasa: “La ecografía es una herramienta presente en la mayoría de centros de atención primaria y hospitales que, con profesionales de la salud formados, permite obtener imágenes en tiempo real a un coste muy reducido”, explica Claudia Jiménez-ten Hoevel, investigadora del Departamento de Medicina y Cirugía de la URV y coautora del artículo.

La pregunta clave era, por tanto, en qué medida la ecografía puede ofrecer resultados comparables a los de la resonancia magnética en la exploración de la grasa abdominal. Para determinarlo, el equipo investigador trabajó con una muestra de 113 adultos voluntarios con obesidad abdominal, residentes en Reus y alrededores. A todos se les realizó una resonancia magnética y una ecografía abdominal en un intervalo muy corto —entre tres y cuatro días— para garantizar que los resultados fueran comparables.

Una herramienta válida y precisa

Los resultados del estudio, publicados en la revista Diabetes, Obesity and Metabolism, revelan que las mediciones de la grasa visceral realizadas mediante ecografía mostraban una buena concordancia con los datos obtenidos mediante resonancia magnética. No obstante, se detectaron ciertas limitaciones de la ecografía a la hora de evaluar la grasa subcutánea, un hecho que ya habían señalado estudios previos. “La conclusión principal es que la ecografía puede ser especialmente útil cuando el objetivo es identificar la grasa visceral, que es la que está más claramente asociada al riesgo metabólico”, afirma Anna Pedret, investigadora del mismo departamento. Este potencial se suma al hecho de que la ecografía es una herramienta sencilla de utilizar para el personal formado y que se encuentra en la mayoría de centros de salud del país.

La grasa visceral: un indicador de riesgo metabólico

Más allá de esto, el análisis ha permitido a las investigadoras profundizar en otra cuestión y determinar si la cantidad de grasa visceral medida con ecografías puede llegar a predecir alteraciones metabólicas futuras. De hecho, los resultados muestran que existe relación entre niveles elevados de grasa visceral y la presencia de prediabetes —una condición en la que los niveles de azúcar en sangre son elevados, pero aún por debajo del umbral de la diabetes tipo 2— además del síndrome metabólico —un conjunto de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares—.

Más concretamente, el estudio identifica una cantidad de grasa visceral a partir de la cual el riesgo de sufrir enfermedades asociadas aumenta considerablemente. Por ejemplo, un grosor igual o superior a 7,35 centímetros se ha vinculado con un riesgo elevado de padecer prediabetes, mientras que a partir de 5,77 centímetros se observa relación con la probabilidad de presentar síndrome metabólico. Estos resultados ponen de manifiesto el potencial de las ecografías como herramienta exploratoria: “Incorporar la ecografía abdominal en la práctica clínica habitual, especialmente en el ámbito de la nutrición y la atención primaria, podría permitir una mejor estratificación del riesgo y una personalización más precisa de las intervenciones”, defienden las investigadoras.

El grupo de investigación Nutrició Funcional, Oxidació i Malalties Cardiovasculars (NFOC-SALUT) de la URV y el Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) continúa trabajando para poner en valor el uso de la ecografía como una técnica económica, rápida y fácilmente integrable en la práctica clínica. Actualmente, el equipo explora el impacto de la distribución de la grasa abdominal en otros segmentos de la población y su relación con diferentes condiciones de salud, como la función cognitiva o la sarcopenia. En este marco, el grupo lleva a cabo nuevos estudios con ecografía abdominal en personas de entre 60 y 74 años, con investigaciones en marcha y la posibilidad abierta de participar. Las personas interesadas pueden contactar con el equipo mediante el correo electrónico estudisalimentacionfocsalut@gmail.com.

Referencia bibliográfica: Jiménez-Ten Hoevel C, Besora-Moreno M, Queral J, Llauradó E, Valls RM, Solà R, Pedret A. Ultrasound and MRI abdominal fat distribution and its associations with metabolic conditions in adults with abdominal obesity. Diabetes Obes Metab. 2025 Dec 17. DOI: 10.1111/dom.70390. Epub ahead of print. PMID: 41403258.

El Auditorio del Hospital Universitario Sant Joan de Reus acogió, este viernes 23 de enero de 2026, la jornada “Aspectos importantes en el diseño y ejecución de estudios clínicos de nutrición”, organizada por la Unidad de Investigación Clínica (UIC) del IISPV. El encuentro reunió a cerca de 80 profesionales vinculados a la investigación en nutrición, la salud y las ciencias biomédicas, en una sesión centrada en la calidad, el rigor y la transparencia de los estudios clínicos.
La jornada comenzó con la intervención de la Dra. Sangeetha Shyam, que abordó el sesgo del investigador/a en la investigación en nutrición y las estrategias para prevenirlo. A continuación, el Dr. Jordi Salas-Salvadó ofreció una revisión completa de los elementos esenciales del diseño metodológico, desde el planteamiento del proyecto hasta el cálculo muestral, el reclutamiento y el plan estadístico. Tras una pausa para el café, la Dra. Nancy Babio explicó cómo planificar y gestionar datos en estudios clínicos, destacando la importancia de la calidad, la validación y la protección de la información. La Dra. Maria Vinaixa profundizó en las Buenas Prácticas de Laboratorio, poniendo énfasis en la trazabilidad, los protocolos y los sistemas de calidad necesarios para garantizar la reproducibilidad científica.
Las Dras. Verónica Luque y Carme Rubio compartieron las claves para un buen reclutamiento de participantes, mientras que la Dra. Indira Paz Graniel expuso estrategias para mejorar la retención y evitar el dropout, uno de los retos más frecuentes en los estudios clínicos. En el tramo final, la Dra. Sangeetha Shyam presentó las nuevas normas CONSORT 2025 y su impacto en el reporting de ensayos clínicos, y el Dr. Jordi Júlvez reflexionó sobre cómo comunicar resultados científicos de manera responsable y rigurosa. La clausura corrió a cargo del Dr. Joan Vendrell, que presentó la nueva Unidad de Investigación Clínica del IISPV, una apuesta estratégica para impulsar estudios clínicos de alto nivel y reforzar la investigación biomédica en el sur de Cataluña. La jornada puso de manifiesto la importancia de seguir trabajando por una investigación en nutrición más robusta, ética y con un impacto real en la salud de la población.
El estudio, publicado en la revista BMC Medicine, ha analizado datos de 746 adultos mayores con alto riesgo cardio metabólico, que han sido seguidos durante seis años. El equipo investigador ha evaluado el grado de adherencia a la dieta mediterránea, la composición de la microbiota intestinal y la evolución de su función cognitiva a lo largo del tiempo. Los resultados indican que las personas que seguían de manera más fiel este patrón alimentario presentaban una microbiota intestinal más favorable y una evolución cognitiva más positiva. Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es la identificación de una “huella microbiana” propia de la dieta mediterránea. Este nuevo biomarcador, basado en la presencia y la abundancia de determinadas bacterias intestinales asociadas a este tipo de alimentación, también se relaciona con un deterioro cognitivo más lento. Según los autores, este hallazgo aporta nuevas pistas sobre los mecanismos biológicos que explican los beneficios de la dieta mediterránea sobre el cerebro. Eje intestino-cerebro La función cognitiva incluye capacidades como la memoria, la atención, el aprendizaje, el lenguaje o la toma de decisiones, esenciales para mantener la autonomía en la vida cotidiana. En paralelo, la microbiota intestinal está formada por billones de bacterias que intervienen en procesos clave como la digestión, la inmunidad o la producción de sustancias que influyen en el funcionamiento del organismo. En los últimos años, la investigación ha puesto de manifiesto la existencia del llamado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional mediante el cual los microorganismos intestinales pueden producir compuestos que llegan al cerebro y afectan su funcionamiento. “Este estudio demuestra que la microbiota intestinal es una pieza clave en los beneficios cognitivos de la dieta mediterránea”, explica Jiaqi Ni, primera autora del trabajo e investigadora predoctoral de la URV. “Nuestros resultados sugieren que algunas bacterias intestinales asociadas a una mayor adherencia a este patrón alimentario podrían proteger frente al deterioro cognitivo”. En la misma línea, el catedrático de la URV Jordi Salas-Salvadó, director del estudio, destaca que “identificar una huella microbiana asociada a la dieta mediterránea abre nuevas oportunidades para diseñar intervenciones nutricionales o microbianas orientadas a promover un envejecimiento cognitivo saludable”. Por su parte, las investigadoras del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV Nancy Babio y Stephanie K. Nishi subrayan la relevancia de los resultados en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la prevalencia de la demencia, y apuntan que mejorar la calidad de la dieta es una estrategia sencilla y accesible con beneficios reales para la salud cerebral. El trabajo ha sido liderado por la investigadora predoctoral Jiaqi Ni y dirigido por Jordi Salas-Salvadó, Nancy Babio y Stephanie K. Nishi, miembros de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV, con la colaboración de investigadores del consorcio PREDIMED-Plus. El estudio se enmarca en una investigación multicéntrica que contribuye a profundizar en la relación entre alimentación, microbiota intestinal y salud cerebral a lo largo del envejecimiento. Referencia bibliográfica: Ni J, Hernández-Cacho A, Nishi SK, Babio N, Belzer C, Konstati P, Vioque J, Corella D, Castañer O, Vidal J, Moreno-Indias I, Torres-Collado L, Coltell O, Fitó M, Ruiz-Canela M, Wang DD, Tinahones FJ, Salas-Salvadó J. Mediterranean diet, gut microbiota, and cognitive decline in older adults with obesity/overweight and metabolic syndrome: a prospective cohort study. BMC Med. 2025 Dec 1;23(1):669. doi: 10.1186/s12916-025-04488-y. Un estudio con 746 personas mayores seguidas durante seis años identifica una “huella microbiana” asociada a este patrón alimentario y a una evolución cognitiva más favorable Seguir una dieta mediterránea no solo beneficia al corazón o al metabolismo, sino que también podría ayudar a preservar la función cognitiva a medida que el envejecimiento avanza. Así lo indica una investigación liderada por la Universitat Rovira i Virgili (URV), el IISPV y el CIBERobn, que muestra cómo este patrón alimentario se asocia a una microbiota intestinal más saludable y a un deterioro cognitivo más lento en personas mayores con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico.
El estudio, publicado en la revista BMC Medicine, ha analizado datos de 746 adultos mayores con alto riesgo cardio metabólico, que han sido seguidos durante seis años. El equipo investigador ha evaluado el grado de adherencia a la dieta mediterránea, la composición de la microbiota intestinal y la evolución de su función cognitiva a lo largo del tiempo. Los resultados indican que las personas que seguían de manera más fiel este patrón alimentario presentaban una microbiota intestinal más favorable y una evolución cognitiva más positiva. Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es la identificación de una “huella microbiana” propia de la dieta mediterránea. Este nuevo biomarcador, basado en la presencia y la abundancia de determinadas bacterias intestinales asociadas a este tipo de alimentación, también se relaciona con un deterioro cognitivo más lento. Según los autores, este hallazgo aporta nuevas pistas sobre los mecanismos biológicos que explican los beneficios de la dieta mediterránea sobre el cerebro. Eje intestino-cerebro La función cognitiva incluye capacidades como la memoria, la atención, el aprendizaje, el lenguaje o la toma de decisiones, esenciales para mantener la autonomía en la vida cotidiana. En paralelo, la microbiota intestinal está formada por billones de bacterias que intervienen en procesos clave como la digestión, la inmunidad o la producción de sustancias que influyen en el funcionamiento del organismo. En los últimos años, la investigación ha puesto de manifiesto la existencia del llamado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional mediante el cual los microorganismos intestinales pueden producir compuestos que llegan al cerebro y afectan su funcionamiento. “Este estudio demuestra que la microbiota intestinal es una pieza clave en los beneficios cognitivos de la dieta mediterránea”, explica Jiaqi Ni, primera autora del trabajo e investigadora predoctoral de la URV. “Nuestros resultados sugieren que algunas bacterias intestinales asociadas a una mayor adherencia a este patrón alimentario podrían proteger frente al deterioro cognitivo”. En la misma línea, el catedrático de la URV Jordi Salas-Salvadó, director del estudio, destaca que “identificar una huella microbiana asociada a la dieta mediterránea abre nuevas oportunidades para diseñar intervenciones nutricionales o microbianas orientadas a promover un envejecimiento cognitivo saludable”. Por su parte, las investigadoras del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV Nancy Babio y Stephanie K. Nishi subrayan la relevancia de los resultados en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la prevalencia de la demencia, y apuntan que mejorar la calidad de la dieta es una estrategia sencilla y accesible con beneficios reales para la salud cerebral. El trabajo ha sido liderado por la investigadora predoctoral Jiaqi Ni y dirigido por Jordi Salas-Salvadó, Nancy Babio y Stephanie K. Nishi, miembros de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV, con la colaboración de investigadores del consorcio PREDIMED-Plus. El estudio se enmarca en una investigación multicéntrica que contribuye a profundizar en la relación entre alimentación, microbiota intestinal y salud cerebral a lo largo del envejecimiento. Referencia bibliográfica: Ni J, Hernández-Cacho A, Nishi SK, Babio N, Belzer C, Konstati P, Vioque J, Corella D, Castañer O, Vidal J, Moreno-Indias I, Torres-Collado L, Coltell O, Fitó M, Ruiz-Canela M, Wang DD, Tinahones FJ, Salas-Salvadó J. Mediterranean diet, gut microbiota, and cognitive decline in older adults with obesity/overweight and metabolic syndrome: a prospective cohort study. BMC Med. 2025 Dec 1;23(1):669. doi: 10.1186/s12916-025-04488-y. El Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) celebra el reconocimiento otorgado al Dr. Joan Borràs Balada, subdirector del Instituto de Oncología de la Cataluña Sur e investigador vinculado a nuestro instituto, que ha recibido recientemente el Premio al Conocimiento 2026 del Ayuntamiento de Reus. El galardón destaca una trayectoria clave en el desarrollo de la oncología en el territorio, la creación del primer Registro de Cáncer de Cataluña y una contribución científica y asistencial que ha impulsado el progreso de la investigación y la atención oncológica en las comarcas de Tarragona y las Terres de l’Ebre.
Durante la recpeció del galardón, este lunes en el Centre de Lectura de Reus. Foto: Hospital de Reus
Desde el IISPV, felicitamos al Dr. Borràs por una carrera dedicada a mejorar la salud de la población y a reforzar la relación entre investigación, docencia y práctica clínica.