Un nuevo estudio revela alteraciones musculares y metabólicas relevantes en pacientes con COVID persistente

Un equipo investigador Grupo de Investigación en Autoinmunidad, Infección y Trombosis (GRAIÏT) del Institut d’Investigació Biomèdica Catalunya Sud, de los servicios de Medicina Interna y Fisiología Clínica y Evaluación Funcional del Hospital Universitari Sant Joan de Reus, ha presentado nuevas evidencias que confirman el impacto profundo y sostenido de la infección por SARS‑CoV‑2 en el sistema muscular y metabólico de las personas afectadas por la Condición post COVID‑19 (COVID persistente). Los resultados del estudio «Assessment of Physical Status and Analysis of Lipidomic and Metabolomic Alterations in Patients with Post‑COVID‑19 Condition» subrayan la necesidad de impulsar programas específicos de rehabilitación y reacondicionamiento físico para mejorar la recuperación de los pacientes y se han publicado en la revista científica PLOS ONE de este mes de marzo.

En el estudio se pone de manifiesto una afectación muscular periférica significativa relacionada con la infección. Esta alteración comporta una pérdida marcada de rendimiento físico, uno de los síntomas más frecuentes e incapacitantes de la enfermedad. Los investigadores destacan que los pacientes podrían beneficiarse de protocolos de rehabilitación personalizados para recuperar fuerza, resistencia y funcionalidad.

Asimismo, en el análisis del metabolismo corporal mediante técnicas metabolómicas y lipidómicas, se han detectado cambios que pueden explicar algunos de los síntomas de los pacientes:

Según los responsables del trabajo, estos hallazgos refuerzan la idea de que la Condición post COVID‑19 es un trastorno multisistémico y que requiere un abordaje integral que combine rehabilitación física, seguimiento metabólico e intervenciones personalizadas.

Los investigadores señalan que los resultados abren la puerta a desarrollar estrategias terapéuticas más específicas y a orientar mejor los circuitos asistenciales destinados a los pacientes con COVID persistente.

Un estudio dirigido por la URV, en el que han participado el IRB CatSud y el CIBEROBN, revela que la microbiota intestinal podría explicar el efecto beneficioso de la dieta sobre la depresión

La relación entre la alimentación y la salud mental es cada vez más evidente, pero aún no están suficientemente definidos los mecanismos biológicos que pueden explicarla. Un nuevo estudio apunta ahora a la microbiota intestinal como una pieza clave en este vínculo. La investigación, impulsada por la Universidad Rovira i Virgili (URV), ha analizado si diversos patrones alimentarios se asocian con perfiles concretos de microorganismos intestinales y si estos perfiles se relacionan, a su vez, con los síntomas depresivos. La revista MedComm ha recogido los resultados del estudio, en el que también han participado el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud) y el área de Fisiopatología de la Obesidad del CIBER (CIBEROBN).

El estudio analizó 644 adultos mayores del ensayo PREDIMED-Plus, con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. El equipo investigador evaluó los hábitos alimentarios, la composición de la microbiota intestinal a partir de muestras fecales y la evolución de los síntomas depresivos al cabo de un año de seguimiento, con el objetivo de explorar si el intestino puede actuar como un puente biológico entre la dieta y la salud mental. “Sabíamos que una alimentación de mayor calidad se asocia con una mejor salud mental, pero faltaban pistas sobre los mecanismos. Nuestros resultados apuntan a que la microbiota intestinal podría ser parte de esta explicación”, señala Jordi Salas-Salvadó, catedrático de Nutrición Humana en la URV y coordinador del estudio.

El trabajo comparó diversos patrones dietéticos que reflejan formas habituales de comer. Se analizaron cuatro patrones de mayor calidad, como la dieta mediterránea en su versión estándar y en una versión con enfoque de restricción energética, el patrón DASH, basado en alimentos frescos y poco procesados y orientado a mejorar la presión arterial, y una dieta basada en plantas de perfil saludable, con mayor presencia de fruta, verdura, legumbres y cereales integrales. Paralelamente, se estudiaron dos patrones de perfil menos saludable: una dieta basada en plantas de baja calidad nutricional, con un consumo elevado de alimentos vegetales pero dominada por opciones como harinas refinadas, bebidas azucaradas o snacks, y una dieta de tipo Western, descrita como más proinflamatoria y caracterizada por un mayor consumo de ultraprocesados, carnes procesadas, dulces, bebidas azucaradas y grasas de baja calidad, así como por una menor presencia de alimentos frescos y ricos en fibra.

Los resultados mostraron que las personas que seguían con mayor fidelidad los patrones alimentarios de mayor calidad tendían a presentar menos síntomas depresivos a lo largo del año. En cambio, una mayor proximidad a los patrones de perfil menos saludable se asoció con una evolución menos favorable, con más síntomas depresivos.

El estudio también observó que la dieta deja huella en el intestino. Los patrones más saludables, especialmente los mediterráneos, se relacionaron con una microbiota más rica y diversa, mientras que los patrones menos saludables mostraron asociaciones con una menor diversidad. Este dato es relevante porque la diversidad microbiana a menudo se considera un indicador de resiliencia y buen funcionamiento del ecosistema intestinal.

Una pieza clave para entender el efecto de la dieta sobre la depresión

El resultado más innovador llegó al analizar si la microbiota podía estar implicada en el vínculo entre dieta y depresión. Los investigadores encontraron indicios de que la microbiota intestinal explicaría una parte del efecto observado entre la dieta mediterránea y los síntomas depresivos, aproximadamente un 17% en la versión mediterránea con restricción energética y alrededor de un 31% en la versión estándar. Es decir, una parte del beneficio asociado a una alimentación mediterránea podría estar relacionada con la forma en que esta dieta favorece un perfil microbiano más saludable.

“Este estudio aporta evidencias de que el perfil de microorganismos del intestino puede actuar como mediador en la relación entre la dieta mediterránea y los síntomas depresivos. Es un paso importante para entender por qué algunos patrones dietéticos parecen más protectores que otros, aunque todavía se necesita más investigación para confirmar la causalidad”, subraya Adrián Hernández-Cacho, autor principal del trabajo.

En conjunto, los resultados refuerzan el interés del eje intestino-cerebro y aportan una explicación plausible de por qué mejorar la calidad de la dieta podría beneficiar también la salud mental. Los autores destacan, además, que este es uno de los primeros estudios a escala internacional que aportan evidencias de un posible papel mediador de la microbiota intestinal en la relación entre patrones dietéticos y síntomas depresivos, añadiendo una pieza clave a un campo de investigación en rápida expansión. Aun así, los resultados todavía no permiten establecer una relación de causa-efecto y será necesario confirmar estos hallazgos en otras poblaciones y con diseños que permitan determinar con mayor precisión el papel causal de la microbiota.

Este trabajo multicéntrico ha sido liderado por Adrián Hernández-Cacho y dirigido por el investigador Jordi Salas-Salvadó y Jesús García-Gavilán, todos ellos integrantes de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universidad Rovira i Virgili, en colaboración con otros investigadores del consorcio PREDIMED-Plus. Los investigadores también pertenecen al Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) y al Institut de Recerca Biomèdica CatSud (IRBCATSUD).

Referencia bibliográfica: Hernández-Cacho, J. Ni, J. F. García-Gavilán, et al. “ The Gut Microbiota as a Mediator in the Relationship Between Dietary Patterns and Depression.” MedComm 7, no. 2 (2026): e70562. https://doi.org/10.1002/mco2.70562

 

Un estudio del IRB Catalunya Sud (antes IISPV) y del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona descubre que estas vesículas actúan de manera diferente según la agresividad del tumor, abriendo nuevas vías para futuras estrategias terapéuticas.

El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en hombres en muchos países occidentales. En la demarcación de Tarragona se diagnostican cerca de 670 casos nuevos cada año, y a escala estatal la cifra supera los 30.000. Aunque muchos tumores tienen un crecimiento lento, otros pueden progresar y diseminarse, por lo que entender qué factores impulsan esta agresividad es esencial para mejorar el pronóstico de los pacientes.

En este contexto, investigadores del Grup de Recerca en Biomarcadors de Malalties i Mecanismes Moleculars (DIBIOMEC) de l’Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB Catalunya Sud, antes IISPV), en colaboración con los Servicios de Urología y Anatomía Patológica del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona, han dado un paso importante. Su estudio, recientemente publicado, demuestra por primera vez que las vesículas extracelulares (pequeñas partículas liberadas por las células) derivadas del tejido adiposo que rodea la próstata (tejido adiposo periprostático, PPAT) modulan el comportamiento de las células tumorales de manera diferente según el grado de riesgo del cáncer.

El trabajo, liderado por la Dra. Matilde R. Chacón y el Dr. Xavier Ruiz-Plazas, y realizado con un equipo multidisciplinario, ofrece una nueva visión sobre cómo el microambiente tumoral —y en concreto la grasa periprostática— “dialoga” con el cáncer e influye en su evolución.

Principales hallazgos

Por un lado, se observan efectos dependientes del riesgo. Es decir, las vesículas derivadas del tejido adiposo periprostático de pacientes con cáncer de próstata de bajo riesgo estimulan principalmente la proliferación de las células tumorales. En cambio, las vesículas obtenidas de pacientes con tumores de alto riesgo no aumentan la proliferación, pero sí potencian la capacidad de migración de las células cancerosas y estimulan la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos), dos procesos clave para la progresión y diseminación del tumor.

Por otro lado, estas vesículas también afectan al microambiente tumoral. Además de actuar sobre las células cancerosas, influyen en otras células del entorno. Las vesículas de bajo riesgo promueven un perfil proinflamatorio e inmunosupresor en macrófagos (células del sistema inmunitario), lo que podría contribuir a crear un entorno favorable al tumor en etapas iniciales.

Otro hallazgo importante es la activación de vías de señalización, ya que los efectos observados se relacionan con la activación de rutas moleculares clave en el cáncer.

Este descubrimiento muestra que el tejido adiposo periprostático no es un simple observador, sino un actor activo y dinámico que modula el comportamiento del cáncer de próstata según la agresividad de la enfermedad. Las vesículas extracelulares derivadas de este tejido emergen como nuevos factores diana para desarrollar futuras estrategias terapéuticas destinadas a interferir en la comunicación entre el tumor y su microambiente, especialmente en los casos de mayor riesgo de progresión.

Aunque los resultados se han obtenido en modelos in vitro y serán necesarios estudios adicionales en modelos más complejos, este trabajo representa un avance importante en la comprensión de la biología del cáncer de próstata y abre una vía prometedora para la investigación translacional.

Enlace a la publicación científica:
Arreaza-Gil V. et al. Periprostatic adipose tissue-derived extracellular vesicles modulate prostate cancer cell behaviour in vitro according to tumour grade. Mol Med (2026).

PubMed: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41566212/
DOI: 10.1186/s10020-026-01422-7

Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y del Instituto de Investigación Biomédica Cataluña Sur (IRB CatSud, antes IISPV) ha publicado en la revista científica Inflammatory Bowel Diseases un estudio que describe un modelo experimental en rata que reproduce características clave del creeping fat, la acumulación de tejido adiposo que rodea los segmentos intestinales inflamados y que es uno de los rasgos patológicos típicos de la enfermedad de Crohn.

El estudio muestra que el modelo de colitis inducida con 2,4,6-trinitrobenzenesulfonic acid (TNBS) desarrolla una hiperplasia del tejido adiposo mesocólico que presenta similitudes macroscópicas, histológicas, inmunológicas y moleculares con el creeping fat observado en pacientes con enfermedad de Crohn. Según los autores, este modelo puede facilitar el estudio del papel de este tejido en la progresión de la enfermedad y en sus complicaciones.

La primera autora del estudio, la Dra. Laura Clua, explica que “el creeping fat no es solo un crecimiento del tejido adiposo alrededor del intestino inflamado, sino que es un tejido metabólicamente e inmunológicamente activo. En el modelo observamos una infiltración importante de células inmunitarias y una alta expresión de citocinas proinflamatorias, características que también se han descrito en pacientes”.

Los resultados muestran una relación entre la gravedad de la inflamación intestinal transmural y el desarrollo de la hiperplasia mesocólica, así como la presencia de bacterias desplazadas hacia la subserosa. Según los autores, estas observaciones apoyan la hipótesis de que la microbiota intestinal puede contribuir al remodelado del tejido adiposo mesentérico.

El coautor Roger Suau, autor de correspondencia del artículo, destaca que “hemos caracterizado el modelo a varios niveles —macroscópico, histopatológico, inmunohistoquímico y transcriptómico—, lo que nos ha permitido compararlo con las características descritas en humanos. Aproximadamente la mitad de los animales desarrollan una hiperplasia mesocólica con características similares al creeping fat descrito en la enfermedad de Crohn”.

Para la Dra. Carolina Serena (IRB CatSud), líder del grupo de investigación Malalties Inflamatòries Intestinals (IBODI), este modelo puede ser útil para profundizar en los mecanismos implicados en la enfermedad: “disponer de un modelo experimental que reproduzca este fenómeno facilita el estudio de la relación entre inflamación intestinal, translocación bacteriana y remodelado del tejido adiposo mesentérico”.

Según el Dr. Josep Manyé, investigador del Grup de Recerca en Malalties Inflamatòries Intestinals (GReMII) del IGTP, “este tipo de modelos experimentales pueden contribuir a comprender mejor el papel del creeping fat en la enfermedad de Crohn y a explorar nuevas aproximaciones terapéuticas”.

En el estudio también han participado investigadores del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol, el Hospital de Viladecans y el CIBEREHD, así como otros equipos del IGTP, como la plataforma científico-técnica de Genómica de Alto Rendimiento y Bioinformática, liderada por Lauro Sumoy, y el grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Hepáticas, liderado por Ramon Bartolí.

Los autores señalan que el modelo ofrece una plataforma experimental reproducible para estudiar el papel del tejido adiposo mesentérico en la enfermedad inflamatoria intestinal y facilitar la evaluación de nuevas estrategias terapéuticas en fases preclínicas.

Un estudio liderado por la URV, con participación del IRB CatSud, revela que el consumo de aceite de oliva virgen, a diferencia del refinado, mejora la diversidad bacteriana y ayuda a preservar la función cerebral en personas mayores

La Universitat Rovira i Virgili (URV), con la participación del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud, antes IISPV), ha participado en un estudio pionero que demuestra que el consumo de aceite de oliva virgen puede contribuir a preservar la función cognitiva mediante la modulación de la microbiota intestinal. La investigación, publicada en Microbiome, es la primera en humanos que analiza de manera específica esta relación.

El estudio se ha llevado a cabo con datos de 656 personas de entre 55 y 75 años con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico, participantes del proyecto PREDIMED-Plus. Las personas que consumían aceite de oliva virgen —y no refinado— mostraban una mejor evolución de la función cognitiva y una microbiota intestinal más diversa, un indicador clave de salud metabólica. Además, se ha identificado el género bacteriano Adlercreutzia como posible mediador de este efecto protector.

La diferencia entre los dos tipos de aceite radica en el proceso de elaboración: mientras que el aceite de oliva virgen conserva antioxidantes, polifenoles y compuestos bioactivos, el refinado pierde buena parte de estos elementos durante el tratamiento industrial. “No todos los aceites de oliva tienen los mismos beneficios sobre la función cognitiva”, explica Jiaqi Ni, primera autora del estudio.

Los resultados refuerzan la importancia de la calidad de la grasa en la dieta mediterránea. “El aceite de oliva virgen no solo protege el corazón, sino que también puede ayudar a preservar el cerebro durante el envejecimiento”, destaca Jordi Salas-Salvadó, investigador principal. Las codirectoras Nancy Babio y Stephanie Nishi subrayan que, en un contexto de aumento del deterioro cognitivo, mejorar la calidad de la dieta es una estrategia accesible y eficaz.

La investigación ha sido posible gracias al liderazgo de la URV y el IISPV-CERCA, con la colaboración del CIBERobn y de instituciones internacionales como las universidades de Wageningen y Harvard.

Referencia bibliográfica: Ni J, Nishi SK, Babio N, Belzer C, Vioque J, Corella D, Hernando-Redondo J, Vidal J, Moreno-Indias I, Compañ-Gabucio L, Coltell O, Fitó M, Toledo E, Wang DD, Tinahones FJ, Salas-Salvadó J. Total and different types of olive oil consumption, gut microbiota, and cognitive function changes in older adults. Microbiome. 2026 Jan 24. doi: 10.1186/s40168-025-02306-4.

Equipo NeuroÈpia-Línea Neuroepidemiología.

Una nueva investigación del IRB CatSud e ISGlobal relaciona la nutrición de los adolescentes con el bienestar emocional, el rendimiento cognitivo y la toma de decisiones a largo plazo

La adolescencia es un periodo crítico para la maduración cerebral, y los hábitos alimentarios desempeñan un papel fundamental en este proceso. Un nuevo estudio liderado por el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud, antes IISPV), en colaboración con el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por Fundación ”la Caixa”, revela que el consumo de alimentos ultraprocesados se asocia a mayores dificultades emocionales y conductuales. Por el contrario, optar por la dieta mediterránea se relaciona con una mejor función ejecutiva. La investigación, titulada Dietary Patterns and Neuropsychological Function in Adolescents: A Cross-sectional and Longitudinal Study, ha sido publicada en BMC Medicine.

El estudio, dirigido por el Grupo de Investigación en Neurociencia Clínica y Epidemiológica (NeuroÈpia) del IRB CatSud, analiza datos de una muestra de 653 adolescentes, de 12 a 16 años, del área metropolitana de Barcelona (estudio Smart-Snack) y subraya la importancia de la nutrición durante la adolescencia, etapa en la que el cerebro aún está en desarrollo, especialmente la corteza prefrontal, implicada  a su vez en la toma de decisiones y el control de los impulsos.

Los hábitos alimentarios se analizan en el presente estudio mediante cuestionarios de frecuencia de consumo para medir la adherencia a la dieta mediterránea y la ingesta de ultraprocesados. La función neuropsicológica se evalúa con un conjunto de pruebas informatizadas estandarizadas que miden atención, memoria de trabajo, inteligencia fluida, toma de decisiones y reconocimiento emocional. Los resultados conductuales y emocionales también se evalúan mediante cuestionarios validados.

Efectos opuestos en el cerebro adolescente

Los resultados muestran una clara divergencia entre ambos patrones alimentarios. Alexios Manidis, investigador principal del estudio, señala que un mayor consumo de ultraprocesados, como bebidas azucaradas, bollería industrial y carnes ultra-procesadas, se asocia con un peor rendimiento en la identificación de emociones y en el mantenimiento del estado de alerta. Además, los adolescentes con alta ingesta de ultraprocesados reportan más síntomas de ansiedad y depresión y mayores dificultades conductuales totales.

 

En contraste, una mayor adherencia a la dieta mediterránea —rica en frutas, verduras, legumbres y aceite de oliva— se asocia con menos problemas de conducta y mejores puntuaciones en atención ejecutiva.

Sin embargo, en el seguimiento a seis meses, solo el consumo inicial de ultraprocesados mostró asociaciones longitudinales con los síntomas de internalización y la toma de decisiones, mientras que la adherencia a la dieta mediterránea no mostró efectos longitudinales. “Esto podría sugerir que los beneficios de la dieta mediterránea requieren un mantenimiento continuo, mientras que los efectos de los ultraprocesados pueden ser más duraderos”, comenta Manidis, lo que refuerza la importancia de mantener hábitos saludables de forma continuada.

Validación objetiva mediante biomarcadores

El estudio también incluye un análisis de marcadores biológicos en orina en una submuestra de 257 participantes y sus resultados son que los adolescentes que consumen más ultraprocesados tienen menos compuestos derivados de alimentos vegetales y más de los asociados al procesado, lo que confirma la fiabilidad de los cuestionarios dietéticos.

Christopher Papandreou, profesor adjunto de la Universidad Helénica del Mediterráneo (Creta, Grecia) y coautor principal del estudio, señala que “la alimentación de los adolescentes se está orientando hacia los alimentos ultraprocesados” y advierte de que este cambio “puede estar contribuyendo al aumento de los problemas de salud mental entre los jóvenes”.

Jordi Julvez, el investigador al frente del Grupo de Investigación NeuroÈpia del IRB CatSud – ISGlobal, recuerda que “la adolescencia es un periodo de gran remodelación cerebral” y explica que la alimentación “puede influir en cómo los adolescentes regulan sus emociones y toman decisiones complejas”.

Los investigadores concluyen que estrategias futuras, como sustituir los snacks procesados en entornos escolares por alternativas densas en nutrientes como frutos secos y fruta fresca, podrían ser efectivas para fomentar mejoras sostenidas en la regulación emocional y la función cognitiva.

Referencia bibliográfica del estudio

Manidis, A., Ayala-Aldana, N., Bernardo-Castro, S., Pinar-Martí, A., Galkina, P., Fernández-Barrés, S., Ramirez-Carrasco, P., Lamuela-Raventós, R. M., Papandreou, C., & Julvez, J. (2026). Dietary patterns and neuropsychological function in adolescents: a cross-sectional and longitudinal study. BMC Medicine, 10.1186/s12916-026-04658-6. Advance online publication. https://doi.org/10.1186/s12916-026-04658-6

Un estudio liderado por el grupo Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (DIAMET) del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud, anteriormente IISPV) revela que la fibrosis hepática y la diabetes tipo 2 modifican de manera notable la respuesta hormonal tras la ingesta de alimentos en personas con hígado graso asociado a disfunciones metabólicas (MASLD). La investigación, publicada en Journal of Physiology and Biochemistry, examina cómo ambas condiciones afectan la secreción de hormonas esenciales para el control de la glucosa —como sería el glucagón y las incretinas (GLP‑1, GLP‑2 y GIP)— después de una comida estandarizada.

Los resultados muestran que la fibrosis hepática es el factor más determinante en el aumento de los niveles de GLP‑1, tanto en ayunas como tras la comida, independientemente de la presencia de diabetes. Asimismo, cuando la fibrosis hepática coexiste con la diabetes tipo 2, las alteraciones hormonales se intensifican, lo que apunta a un efecto sinérgico entre ambas patologías. Por otro lado, la diabetes tipo 2 se asocia con la pérdida de la supresión fisiológica del glucagón después de comer, un proceso fundamental para mantener la glucemia dentro de rangos adecuados.

Estos hallazgos refuerzan la idea de que un hígado fibrosado no actúa como un órgano pasivo, sino que participa activamente en la desregulación metabólica. La fibrosis no solo refleja daño previo, sino que también contribuye a generar nuevas alteraciones hormonales. Comprender estas variaciones es clave para mejorar la estratificación clínica y avanzar hacia tratamientos más personalizados en el contexto de la MASLD.

Dado el aumento de la prevalencia de MASLD y diabetes tipo 2, comprender cómo estas condiciones interactúan a nivel hormonal es clave para mejorar el diagnóstico precoz y optimizar tratamientos basados en el eje incretina–glucagón. El estudio aporta evidencias que pueden ayudar a identificar subgrupos de pacientes que se beneficien de estrategias terapéuticas más específicas, con impacto directo en la práctica clínica.

En conjunto, los resultados confirman que la fibrosis hepática es un determinante central de los niveles de GLP‑1 y que la coexistencia de diabetes tipo 2 potencia aún más estas alteraciones hormonales. Este conocimiento subraya la necesidad de diseñar estrategias terapéuticas adaptadas al perfil metabólico y hepático de cada paciente, especialmente en un contexto de creciente prevalencia de ambas enfermedades.

El estudio ha contado con la colaboración de investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona, del Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS) – Hospital Clínic Barcelona y del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) -a través de sus áreas de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (CIBERDEM) y de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD)-.

 

Referencia bibliográfica

Astiarraga, B., Rodriguez-Castellano, A., Ceperuelo-Mallafré, V., Marsal-Beltran, A., Osuna-Prieto, F. J., Vilanova, N., Gracia-Sancho, J., Quer, J. C., Megía, A., Balteiro, A. P., Vendrell, J., & Fernández-Veledo, S. (2026). Liver fibrosis and type 2 diabetes modulate postprandial incretin and glucagon responses in fatty liver disease. Journal of physiology and biochemistry82(1), 8. https://doi.org/10.1007/s13105-026-01141-x

Un estudio colaborativo del CIBERDEM-ISCIII muestra que la grasa en el abdomen acelera el envejecimiento vascular y aumenta el riesgo de complicaciones vasculares a largo plazo, incluso antes de que aparezca la obesidad.

Un equipo investigador del Instituto de Investigación e Innovación Parc Taulí (I3PT), en colaboración con el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el Hospital del Mar Research Institute (IMIM), ha identificado una clara asociación entre la acumulación de grasa abdominal y el envejecimiento vascular precoz en personas con diabetes tipo 1 sin antecedentes cardiovasculares previos.

La investigación se ha basado en una cohorte de 179 personas con esta patología, todas evaluadas en el Hospital Universitario Parc Taulí bajo la coordinación de José Miguel González-Clemente, endocrinólogo del Parc Taulí y jefe del grupo de diabetes-riesgo cardiovascular del I3PT, y de Joan Vendrell, investigador del IISPV, co-responsable del grupo de investigación en Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (DIAMET) y miembro del CIBERDEM-ISCIII.

A pesar de presentar un buen control de la glucemia, la presión arterial y el perfil lipídico, aproximadamente un 10% de las personas estudiadas mostró signos de envejecimiento vascular precoz, un factor clave en el desarrollo de complicaciones cardiovasculares y microvasculares que afectan directamente a la calidad y la esperanza de vida.

“En la diabetes tipo 1, el tratamiento con insulina es imprescindible para controlar la glucemia, pero, con los años, puede favorecer un aumento gradual de peso asociado a un mayor riesgo de complicaciones”, explica González-Clemente. Según el investigador, antes de que pueda hablarse de obesidad general ya puede haberse producido una acumulación de grasa abdominal, especialmente en forma de grasa visceral, metabólicamente activa y estrechamente relacionada con el deterioro de las arterias. “Este tipo de grasa favorece la pérdida de elasticidad arterial, un proceso ligado a la degradación de la elastina, una proteína esencial de la pared vascular, y puede ser la base de complicaciones como el infarto, el ictus, los problemas circulatorios en las extremidades inferiores o las afectaciones en la retina, los riñones y el sistema nervioso periférico”, añade.

El índice cintura-altura, una herramienta para detectar el envejecimiento vascular precoz

Para identificar de forma sencilla a las personas con mayor riesgo de envejecimiento vascular, el estudio destaca el índice cintura-altura, un indicador que se calcula dividiendo el perímetro de la cintura entre la altura, ambas medidas en centímetros. Los datos muestran que un valor igual o superior a 0,56 se asocia a un envejecimiento vascular acelerado, determinado mediante la velocidad de la onda del pulso, una técnica no invasiva que permite cuantificar la rigidez arterial. “Prácticamente todas las personas con una velocidad de onda del pulso elevada presentaban un índice igual o superior a 0,56”, señala González-Clemente, quien destaca que otros indicadores habituales, como el índice de masa corporal o el índice cintura-cadera, no detectan tan bien este riesgo.

Los resultados, publicados en la revista Diabetes Research and Clinical Practice, refuerzan la importancia de evitar el aumento de peso y vigilar la acumulación de grasa abdominal como estrategia preventiva. “Controlar este índice de forma precoz permitiría actuar antes de que la obesidad esté establecida, facilitaría un mejor control metabólico y reduciría el riesgo de complicaciones vasculares a largo plazo”, concluye.

Los investigadores señalan que el siguiente paso será validar estos resultados en cohortes más amplias y con un seguimiento más prolongado. Además, el estudio sugiere que algunos fármacos utilizados en personas con diabetes tipo 2 para reducir el peso podrían ser útiles en personas con diabetes tipo 1, un campo que todavía necesita más evidencia clínica.

Un estudio de la URV, con participación del IISPV, compara la ecografía abdominal con la resonancia magnética y demuestra el potencial de esta herramienta para detectar precozmente el riesgo de prediabetes y síndrome metabólico en personas con obesidad abdominal.

La distribución de la grasa corporal, especialmente la acumulada en el abdomen, es un factor determinante para el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Pero no toda la grasa abdominal tiene el mismo impacto en la salud: la grasa subcutánea, situada bajo la piel, no comporta los mismos riesgos que la grasa visceral, que se acumula en profundidad y puede entrar en contacto directo con órganos vitales. Identificar qué tipo de grasa predomina en una persona es esencial para evaluar su riesgo metabólico y orientar mejor las intervenciones clínicas. En este contexto, un estudio liderado por investigadoras del Departamento de Medicina y Cirugía de la Universitat Rovira i Virgili (URV), y con participación de personal investigador del IISPV, ha analizado hasta qué punto la ecografía abdominal puede ser una herramienta útil y fiable para medir la grasa visceral, en comparación con la resonancia magnética, considerada la técnica de referencia actual.

Actualmente, en la práctica clínica habitual, el riesgo asociado a la grasa abdominal se evalúa mediante el perímetro de la cintura. Sin embargo, esta medida, aunque sencilla, es limitada, ya que no permite distinguir entre grasa subcutánea y visceral. Las técnicas de imagen como la resonancia magnética o la tomografía computarizada ofrecen esta información con gran precisión, pero tienen un coste elevado, requieren equipamientos especializados y no están disponibles de forma inmediata en la atención primaria. Con el objetivo de explorar alternativas más ágiles y accesibles, el equipo investigador se planteó validar el uso de la ecografía abdominal para caracterizar la distribución de la grasa: “La ecografía es una herramienta presente en la mayoría de centros de atención primaria y hospitales que, con profesionales de la salud formados, permite obtener imágenes en tiempo real a un coste muy reducido”, explica Claudia Jiménez-ten Hoevel, investigadora del Departamento de Medicina y Cirugía de la URV y coautora del artículo.

La pregunta clave era, por tanto, en qué medida la ecografía puede ofrecer resultados comparables a los de la resonancia magnética en la exploración de la grasa abdominal. Para determinarlo, el equipo investigador trabajó con una muestra de 113 adultos voluntarios con obesidad abdominal, residentes en Reus y alrededores. A todos se les realizó una resonancia magnética y una ecografía abdominal en un intervalo muy corto —entre tres y cuatro días— para garantizar que los resultados fueran comparables.

Una herramienta válida y precisa

Los resultados del estudio, publicados en la revista Diabetes, Obesity and Metabolism, revelan que las mediciones de la grasa visceral realizadas mediante ecografía mostraban una buena concordancia con los datos obtenidos mediante resonancia magnética. No obstante, se detectaron ciertas limitaciones de la ecografía a la hora de evaluar la grasa subcutánea, un hecho que ya habían señalado estudios previos. “La conclusión principal es que la ecografía puede ser especialmente útil cuando el objetivo es identificar la grasa visceral, que es la que está más claramente asociada al riesgo metabólico”, afirma Anna Pedret, investigadora del mismo departamento. Este potencial se suma al hecho de que la ecografía es una herramienta sencilla de utilizar para el personal formado y que se encuentra en la mayoría de centros de salud del país.

La grasa visceral: un indicador de riesgo metabólico

Más allá de esto, el análisis ha permitido a las investigadoras profundizar en otra cuestión y determinar si la cantidad de grasa visceral medida con ecografías puede llegar a predecir alteraciones metabólicas futuras. De hecho, los resultados muestran que existe relación entre niveles elevados de grasa visceral y la presencia de prediabetes —una condición en la que los niveles de azúcar en sangre son elevados, pero aún por debajo del umbral de la diabetes tipo 2— además del síndrome metabólico —un conjunto de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares—.

Más concretamente, el estudio identifica una cantidad de grasa visceral a partir de la cual el riesgo de sufrir enfermedades asociadas aumenta considerablemente. Por ejemplo, un grosor igual o superior a 7,35 centímetros se ha vinculado con un riesgo elevado de padecer prediabetes, mientras que a partir de 5,77 centímetros se observa relación con la probabilidad de presentar síndrome metabólico. Estos resultados ponen de manifiesto el potencial de las ecografías como herramienta exploratoria: “Incorporar la ecografía abdominal en la práctica clínica habitual, especialmente en el ámbito de la nutrición y la atención primaria, podría permitir una mejor estratificación del riesgo y una personalización más precisa de las intervenciones”, defienden las investigadoras.

El grupo de investigación Nutrició Funcional, Oxidació i Malalties Cardiovasculars (NFOC-SALUT) de la URV y el Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) continúa trabajando para poner en valor el uso de la ecografía como una técnica económica, rápida y fácilmente integrable en la práctica clínica. Actualmente, el equipo explora el impacto de la distribución de la grasa abdominal en otros segmentos de la población y su relación con diferentes condiciones de salud, como la función cognitiva o la sarcopenia. En este marco, el grupo lleva a cabo nuevos estudios con ecografía abdominal en personas de entre 60 y 74 años, con investigaciones en marcha y la posibilidad abierta de participar. Las personas interesadas pueden contactar con el equipo mediante el correo electrónico estudisalimentacionfocsalut@gmail.com.

Referencia bibliográfica: Jiménez-Ten Hoevel C, Besora-Moreno M, Queral J, Llauradó E, Valls RM, Solà R, Pedret A. Ultrasound and MRI abdominal fat distribution and its associations with metabolic conditions in adults with abdominal obesity. Diabetes Obes Metab. 2025 Dec 17. DOI: 10.1111/dom.70390. Epub ahead of print. PMID: 41403258.

El Auditorio del Hospital Universitario Sant Joan de Reus acogió, este viernes 23 de enero de 2026, la jornada “Aspectos importantes en el diseño y ejecución de estudios clínicos de nutrición”, organizada por la Unidad de Investigación Clínica (UIC) del IISPV. El encuentro reunió a cerca de 80 profesionales vinculados a la investigación en nutrición, la salud y las ciencias biomédicas, en una sesión centrada en la calidad, el rigor y la transparencia de los estudios clínicos.
La jornada comenzó con la intervención de la Dra. Sangeetha Shyam, que abordó el sesgo del investigador/a en la investigación en nutrición y las estrategias para prevenirlo. A continuación, el Dr. Jordi Salas-Salvadó ofreció una revisión completa de los elementos esenciales del diseño metodológico, desde el planteamiento del proyecto hasta el cálculo muestral, el reclutamiento y el plan estadístico. Tras una pausa para el café, la Dra. Nancy Babio explicó cómo planificar y gestionar datos en estudios clínicos, destacando la importancia de la calidad, la validación y la protección de la información. La Dra. Maria Vinaixa profundizó en las Buenas Prácticas de Laboratorio, poniendo énfasis en la trazabilidad, los protocolos y los sistemas de calidad necesarios para garantizar la reproducibilidad científica.
Las Dras. Verónica Luque y Carme Rubio compartieron las claves para un buen reclutamiento de participantes, mientras que la Dra. Indira Paz Graniel expuso estrategias para mejorar la retención y evitar el dropout, uno de los retos más frecuentes en los estudios clínicos. En el tramo final, la Dra. Sangeetha Shyam presentó las nuevas normas CONSORT 2025 y su impacto en el reporting de ensayos clínicos, y el Dr. Jordi Júlvez reflexionó sobre cómo comunicar resultados científicos de manera responsable y rigurosa. La clausura corrió a cargo del Dr. Joan Vendrell, que presentó la nueva Unidad de Investigación Clínica del IISPV, una apuesta estratégica para impulsar estudios clínicos de alto nivel y reforzar la investigación biomédica en el sur de Cataluña. La jornada puso de manifiesto la importancia de seguir trabajando por una investigación en nutrición más robusta, ética y con un impacto real en la salud de la población.